Valentina
16 años
Durante meses hicieron grupos para burlarse de mis fotos y compartir capturas de mis publicaciones.
Pensé que tenía que soportarlo sola, pero cuando hablé con una profesora y con mi familia entendí
que pedir ayuda fue el primer paso para que la situación cambiara.
Tomás
15 años
Recibía mensajes anónimos casi todos los días diciéndome que nadie quería estar conmigo.
Dejé de participar en redes por miedo. Con el apoyo de mis amigos aprendí a bloquear,
denunciar las cuentas y hablar sobre lo que estaba pasando.
Camila
17 años
Compartieron una conversación privada sin mi permiso y durante varios días tuve miedo de volver a
conectarme. Cuando decidí contarlo descubrí que pedir ayuda no era una señal de debilidad, sino el
comienzo para sentirme segura otra vez.